No sé por qué pero te siento distante. No sé por qué no quiero decírtelo. Ahora que lo pienso, estoy portándome de la misma forma que la otra vez, cuando casi termina todo. De verdad que para mi casi termina todo. Por culpa de que no te dije lo que sentía.
No sé por qué me cuesta contarte las cosas, a veces. Pero últimamente ha sido más difícil aun. Hablamos cosas demasiado vanales, hay silencios mucho más largos. Tu mirada está como ida, tus conversaciones más tensas, no sé, a veces te veo y tu mirada refleja que estás desilusionado. Que resulté ser otra más que no cumplía tus expectativas. Ya no me dices que me quieres tan seguido. Ya apenas me dices que me amas. Esa pausa que dejaste hoy sonó a que lo pensaste antes de decírmelo.
Pienso todo esto, pero, por otro lado, indirectamente sigues igual. No entiendo, de verdad no sé qué pasa. Quizá quieres que siga todo igual, pero internamente no lo quieres? No sé por qué ahora cada vez que hablamos, discutimos y terminamos con una pelea que siempre tiene que quedar inconclusa, porque dices que conmigo no se puede discutir. Lo siento, pero somos dos. Y peor aun, cuando discutimos, te enojas tan fácil! Como si quisieras enojarte, aunque no hubiera motivo para hacerlo; como si estuvieras empujando para tener una razón visible de lo cansado que estás de mi. Porque eso es lo que siento, que estás cansado. Y que más encima no quieres echarte la culpa, así que esperas a que yo haga todo mal. Así es como se ve. Ojalá que no sea así.
Quizá sólo el cansancio de lo demás, de la rutina, te tiene mal, y sin querer lo llevas a nuestra relación. De igual forma está mal; no puedes reflejar todo lo que te pasa alrededor en mí, porque duele, no te puedes descargar conmigo. Porfavor no lo hagas, me duele.
Ya nada es sublime, como antes. Y si no es así, ya no es igual. No quiero que termine, pero tampoco quiero que siga mal. Ayúdame.